sábado, 5 de enero de 2008

A v i o n e s



Primero cayó uno, volaba de manera extraña, parecía tener en vez de alas una cola larga como de cometa, como un dragón chino. Pero luego vino otro, uno de línea comercial y estalló en el aire. Una de las partes cayó cerca con gran estruendo y la otra parte se precipitó casi encima mío.
Siempre estoy en la casa de mi papá cuando caen los aviones. A veces explotan en el parque y otras veces caen sobre las casas vecinas de atrás. Pero esta vez fue lo más cerca. La parte de una enorme ala rompió el balcón y casi destruye toda la casa. Yo siempre estoy observando, inmóvil sin poder hacer nada. Era un espectáculo grandioso que pasó de ser aterrador en un comienzo a mirarlo luego con cierto placer y expectativa, incluso a esperarlo.
La cosa es más o menos así, yo miro un hermoso cielo despejado desde algún lugar de la casa de mi papá, luego diviso un avión acercándose y sigo su trayectoria lentamente hasta que de pronto algo sucede y cae. Luego una más. Y otro. Como bombas. Como lanzadas por alguien.
El sonido del celular me despertó y después de contestar quise volver al sueño, era preferible volver al mundo de catástrofes aéreas soñadas que a la realidad que me tocaba enfrentar ese día.
Los aviones ya habían caído. Todos juntos. Era demasiado tarde. Habían sido reales. Y yo mismo me los había disparado.
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domingo, 30 de diciembre de 2007

El pensamiento racional

El chico que estaba iluminado por un poste de luz

A U T O S



Hay muchos autos allá afuera. Hay cientos tratando de meterse por entre calles con más carros y avenidas y avenidas. Hay una cantidad espantosa de autos a esta hora que lo único que me provoca es esperar a que se vayan para poder salir. Son tantos que no se pueden ni contar. Uno cree que ya los vio todos, pero de pronto salen más, distintos y en todas direcciones. Antes escribía el nombre de una chica al final de los cuadernos y jugaba con las letras dibujándolas y sacando figuras. Ahora me salió tu nombre, sin figuras, pero tu nombre, y eso significa algo ¿o no?
Desde acá puedo escucharlos todo el día y por la noche también, desde este cuarto con la puerta cerrada. Hace unos días, no sé cuantos, se me ocurrió cerrarla y ponerle pestillo. Creo que fue por la chapa nueva que le compré y que se ve tan bonita toda dorada. Solo cerré la puerta y si no fuera por mi familia todo estaría mucho más tranquilo. Algunas tardes empiezan con la cantaleta -por favor abre, come algo aquí te dejamos al pie de la puerta- y al rato cuando ven que no pasa nada -abre y sal de ahí, te has vuelto loco, si no sales mañana mismo la tiramos abajo- así hasta que se cansan. Yo les trato de explicar que acá estoy muy cómodo y no necesito nada, que no pienso pararme para abrir la puerta, que en mi cama está todo muy relajado; les digo también que todavía tengo muchas bolsas de galletas y algunos chocolates, pero parece que no entienden. No sé cuantas veces más será necesario explicarles.
Otra vez escribo tu nombre. Quizás es como la etapa en la que a uno se le da por firmar en cualquier superficie sobre la que se puede garabatear, en los árboles, en el cemento fresco, en la arena de la playa, en las lunas empolvadas de los autos.
Cuando comienzan a hablar otra vez yo le subo el volumen a la radio y les grito que me estoy comiendo un sublime. Esto le molestaba mucho a mi hermana que no soportaba que me robara su chocolate y me lo tragara encerrado en el baño. En verdad que hay muchos autos allá afuera, yo no sé cómo se animan todos a salir siempre a la misma hora, y lo peor con todos esos policías en las avenidas parando y molestando a todos los que se les da la gana y pidiendo plata y haciendo infeliz a tantas personas. Siete letras tiene tu nombre, no son muchas ni pocas, tampoco sé de dónde proviene, soy muy malo para saber esas cosas de las que habla la gente en las reuniones sobre países y comidas y las diferencias que hay entre las ciudades y yo qué sé. Ahora estoy en mi cuarto, en mi cama y no conozco Nueva York, tampoco Buenos Aires. No sé si los colombianos son amables o si los mexicanos se parecen a los peruanos. Solo sé de mis juegos acá dentro, de todos los recuerdos que tengo del mundo, de las siete letras que repito y repito, de la única certeza que he tenido durante toda mi vida y que es la que pienso llevar hasta sus últimas consecuencias.
¿Recuerdas cuando estuvimos mirando las estrellas tirados en la arena?, me dijiste que la órbita elíptica de un cometa podía tomar una cantidad enorme de años para ser recorrida, miles talvez, nunca más lo veríamos de nuevo. No hubiese imaginado estar pensando ahora esas mismas palabras pero en otro contexto. Un cometa puede traer mucha alegría y ser motivo de fiesta, si es que no pasa muy cerca, de lo contrario solo ocasionaría catástrofes. Pongo una cinta de Roger Watters que nadie escucha porque no está de moda y pienso que en verdad yo nunca he estado mucho a la moda. Por esta razón y otras más decidí cerrar esa puerta, con mucha comida empaquetada y varios chocolates. Como la excursión iba a ser en mi mismo cuarto no tuve que hacer mi mochila ni preocuparme por todo lo que debía llevar, todo lo imprescindible ya estaba adentro y me di cuenta que era una buena idea esto de salir sin salir.
He decidido que por un tiempo no pase el tiempo, unos dos meses más o menos, aunque no lo podré calcular porque no llevaré la cuenta de los días, y aunque tapé bien la única ventana que tengo con el exterior, el ruido de los autos de allá afuera me dan alguna idea de la situación de la que no quiero tener conciencia o por lo menos no ser totalmente conciente. Malditos autos. Jamás me compraré uno. Jamás tendré la responsabilidad de cargar los papeles y estar en regla, jamás la preocupación de dónde cuadrarlo y si lo robarán o no. No crean que esto lo escribo para que alguien se compadezca o me tenga lástima. Yo escogí todo esto y uno va decidiendo y tomando lo que le va tocando, lo va aceptando o no. Además es la única forma por la que puedo llegar a probar mis teorías, llevar todo esto hasta sus últimas consecuencias. Aunque suene demasiado romántico o huachafo esto significa para algunas personas, a no traicionarse nunca aunque sean pocas las convicciones que tengan en la cabeza, talvez a no traicionar los impulsos de cada día, el agua en la que estás sumergido, la pecera pequeña de espacio personal que llevas contigo a donde vayas, esa materia que intentamos mostrar en palabras o gestos o en algún rostro dibujado con líneas de plumón negro.
Ser capaz de morir por algo es estar tan seguro de poder llegar al final, no quedarte a medio camino, no quedarte al empezar, cargar esa mochila con todo lo que has colocado encima y poder mantener bien el equilibrio sin arrepentimientos y sin renegar; y luego el final como un buen lugar en donde puedes voltear a mirar un momento toda la línea enredada que han dibujado tus pies por la arena de esta rara playa, de este extraño juego de video.
Es mejor dejarse invadir un buen rato por la música, subirle el volumen lo más que te lo permitan los vecinos y con esa sensación de lo inacabable, de continuidad, de algo que gira tomando más viada y sacando eso que uno siempre lo sabe y nunca se lo espera, una vida dentro de otra, un pez dentro de otro pez, vida por los parlantes hacia la vida fuera de los parlantes. El bajo en el corazón, los colores en las palabras. Voy a hacer algo como una casa dentro de esta misma casa, ese es mi trabajo de los próximos meses, no una casa como una casa, sino una como la de los caracoles o las tortugas.

f

sábado, 24 de noviembre de 2007



Implosión


Una implosión es una explosión pero hacia adentro. Es una idea rara, explotar hacia un centro, estallar pero a la inversa. Se supone que los edificios implosionan, cuando los hacen estallar y como cuando las torres gemelas se recogieron sobre si mismas. Osea, no se afecta a los demás, no se destruye mucho más que lo que está dentro de uno. Y bueno, tenía ganas de implosionar. Que algo suceda. Para adentro. No se, algo que te remueva, que te cambie, reconfigure, algo así. No quedar esparcido por todo el paisaje, eso si sería una catástrofe. La cosa es un poco más romántica, asi que si un día explotara, me gustaría que fuese así, siguiendo el ejemplo de los agujeros negros, de la gravedad que se come todo y de los edificios viejos que nadie quiere seguir usando.


El lugar protejido.Acrílico sobre tela. 1 x 0.70 m

Me gusta pensar que puede haber un lugar seguro, invariable, un espacio que contenga y que a la vez deje estar. Me gusta, por las noches, cuando estoy a punto de dormir, creer que la oscuridad es como una piscina, inmensa, tibia, esperándome para abrazarme. Que puede existir ese lugar junto a algo o a alguien, o de cualquier forma, y que ahi el tiempo sea innecesario y los pensamientos floten sin que se fijen mucho rato en la mente. Me gusta pensar así, especialmente cuando estoy cansado y el mundo de afuera me ha colmado. Es bonito. Se los aconsejo.