lunes, 27 de julio de 2009

Hice un espacio



acrílico sobre tela, 1.60 x 1.20 m

Hice un enorme espacio
para ti
y luego
se quedó vacío.

Con el tiempo
todo
volverá a su lugar.

Existirá alguna forma de regresar
a la casa de verdad?

Te llevo en mi universo



acrílico sobre tela, 1.60 x 1.40 m

Ni el adormecimiento
ni una súbita
tristeza
me harán alejarme
de mí.

Pero el pasto
y el jardín
a ratos
te extrañan.

El canal



acrílico sobre tela, 1.30 x 1.30 m

Sí pues
el amor
es visible

Y además
toma formas
inesperadas.

El vacío también permite el amor



acrílico sobre tela, 1.50 x 1.40 m

Buscamos el lugar ideal
para llegar
la frase perfecta
que faltaba
pero el espacio vacío
entre las palabras
dejaron que la música
se pueda escuchar.

jueves, 23 de julio de 2009

Te llevo en mi universo



Invito a todos a la inauguración de mi novena individual el miércoles 5 de agosto en la galería Forum, av. larco 1150-sótano.La muestra va del 5 al 29 de agosto.

Cada uno es un mundo en el universo



“Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar”.
Hace tiempo alguien me mando esta frase, y hace unos días al volver a ver la película “El viaje de Chihiro” la recordé. Pensé que las personas podíamos ser muy distintas, igual que los seres fantásticos que llegaban a los baños de aquel lugar, todos nosotros llevamos procesos tan particulares que, pretender siquiera entendernos, no resulta a veces nada fácil.
Justamente en esa película aparece un personaje fantástico y fabuloso, el espíritu de un río contaminado. Nadie quiere hacerse cargo de él, y cuando finalmente la protagonista logra limpiarlo, éste revela su esencia divina y maravillosa, un río caudaloso que toma la forma de un dragón.
Ser un río no debería ser algo malo. Estar en su cauce en el momento en el que lo atraviesa sí puede serlo. Golpearse contra las piedras, ahogarse en la corriente. ¿Cómo se puede estar cerca a una enorme marea sin dañarse?, ¿cuál es la distancia adecuada, cuánto abrir las esclusas, cuanto líquido dejar entrar, o salir?
Sé que no hay respuestas a esto, cada acción o reacción es como un reacomodo de muchos factores. Cuando alguien nos daña, es probable que nosotros mismos seamos tan responsables como el supuesto causante.
Cada uno es un mundo en el universo. Los caminos son distintos, aunque parezcamos estar cerca, siempre son diferentes y únicos.
Mucho tiempo sólo pinte personajes solos. Quizás sentía que todo encuentro con un “otro” era algo circunstancial. Ahora ya no estoy muy seguro de eso. Comienzo a creer que la intersección que se crea con otra persona es mágica justo por eso, porque el encuentro armonioso entre dos universos es algo grande y digno de ser elogiado.
Toda galaxia es movida en su centro por un gran agujero negro que le da vida. En el medio de todo nuestro universo conocido hay una fuerza oscura y descomunal, que hace nuestro corazón palpitar, a veces somos galaxias enteras, a veces planetas con órbitas elípticas.
Y a veces me siento como un satélite de un planeta que no conozco.

domingo, 28 de junio de 2009

La música de las estrellas



Siempre me atrajo el cielo. Los millones de pequeños puntos en una noche oscura son un camino al infinito. Cuando era chico me contaron que la luz proveniente de las estrellas podía recorrer muchos años para recién verlas, y que incluso éstas podían ya no existir. Esto me impactó mucho porque la luz pasó desde ese día a ser algo diferente de lo que representaba hasta entonces. Era algo que podía existir separado de la fuente que lo causaba. Ahora era una energía que recorría y se esparcía por el universo. Recostado en la arena en esos campamentos que hacía cuando era chico, no dejaba de mirar con fascinación ese cielo estrellado imposible de ver en Lima.

Hace unos años me enteré sobre la “música de las esferas”, concepto muy antiguo, al parecer referido por Pitágoras (570-497AC), en el que se entendía el estudio de la aritmética y la música en conjunto para comprender una armonía universal. Pensaban que las esferas celestes debían producir frecuencias que, si pudiéramos escucharlas, se interpretarían como armonías musicales. Así, Aristóteles (384-322AC) explica, en tácita referencia a la escuela pitagórica:

“algunos pensadores suponen que el movimiento de los cuerpos celestes debe producir un sonido, dado que en la Tierra el movimiento de cuerpos de mucho menor tamaño produce dicho efecto. Afirman, también, que cuando el sol, la luna y las estrellas, tan grandes y en tal cantidad, se mueven tan rápidamente ¿cómo podrían no producir un sonido inmensamente grande? A partir de este argumento y de la observación de que sus velocidades, medidas por sus distancias, guardan igual proporción que las consonancias musicales, aseveran que el sonido proveniente del movimiento circular de las estrellas corresponde a una armonía.”

Se trata de la denominada música de las esferas o armonía de las esferas, comentada también por Platón en La República. Ésta idea también fue adoptada por los alquimistas y sabios estudiosos del siglo XVII como Athanasius Kircher (1602-1680) donde en su libro

Musurgia Universalis relaciona el movimiento de los astros como una armonía universal traducida en música de origen divino.



La luz emitida por las estrellas es algo que desde siempre hemos percibido y los científicos estudiado. Puede ser incluso información de hace miles de años atrás. Sin embargo, aún no hemos podido “escuchar” ninguna música proveniente del cielo.

Una noticia reciente dentro del ámbito científico revela que un satélite enviado al espacio, en abril de 1998 por la NASA, el Transition Region and Coronal Explorer (TRACE), ha encontrado las primeras evidencias de música originada en un cuerpo celeste. Resulta ser un “ultrasonido solar” que interpreta una partitura formada, según el satélite de la NASA, por ondas 300 veces más profundas que el sonido de la más profundas vibraciones audibles por el oído humano, con una frecuencia de 100 mili Hertz.



Esto podría ser, si es cierto, que la música de las estrellas está y ha estado sonando desde siempre. Y que sólo podría ser posible escucharla si algún día construimos algún aparato que amplíe nuestro diminuto rango auditivo y nos permita extasiarnos con esas inimaginables melodías.